08/05/2012


arteBA 2012




Del 18 al 22 de mayo
bsgr arte contemporáneo
stand F52
La Rural

La devoción por un objeto al que se le adjudican poderes se conoce como fetichismo. Ahora bien, ese objeto puede ser una cosa o una persona, incluso, podría tratarse de un acto. No sólo hablamos de poderes mágicos sino del más terrenal de los poderes: el de sentirse bien, pleno, feliz. Retomando, el sujeto fetichista confía su capacidad de felicidad en un elemento externo. Para éste, habrá allí poderes mágicos, mientras que el resto de nosotros, sólo veremos cosas, sujetos o actos. Es allí donde el sexo y la religión se tocan; donde la obra de Daniel Juarez se juega por completo. Fetichismo y punto de vista se nos aparecen como dos caras de una misma moneda en la obra de Juarez. Porque el “fetiche” le permite conectar los numerosos intereses en su obra y series, diversos en términos de materialidad y técnica. Es una manera de escapar a lo técnico o disciplinar como definición identitaria. Este escape corre en paralelo a la posibilidad de señalar las falencias que nos rodean a la hora de interpretar el mundo. Juarez combina su fascinación por el fetiche, cifrados en su obsesión por el sexo y la religión, con un señalamiento, a la vez repudio, de las miradas encorsetadas. Con obras como "Maleflixxx" nos demuestra que es necesario brindarnos a segundas miradas para recuperar el sentido de su obra. Una obra que fue producida así a partir de un ir y venir de lo digital a lo analógico, del pixel a la foto, de lo genital a lo erótico, de la culpa al placer. Juarez persigue el placer. Confiesa que disfruta enormemente el rearmado de imágenes a partir de fotos de pixeles, a pesar de lo mecánico y absurdo del trabajo. La imagen directa, la que llega desde la pantalla con toda su High Definition, no le interesa. Su labor, como artista y como consumidor, es la de complejizar el camino que va de la imagen al sentido. Sólo así le devuelve una dimensión placentera a lo que la producción industrial ha reducido a una batalla entre concavidades y convexidades. También el espectador entra en este juego de idas y vueltas, y lo hace con el cuerpo, porque para entrar en comunión con las obras de Juarez tenemos que movernos, alejarnos… si estamos cerca, somos engañados, embaucados con muy poco. Al alejarnos, aparece la escena completa, la sorpresa y por ende, el verdadero placer.

Texto: Mariana Rodríguez Iglesias


09/12/2011

2001 (11 de enero, incendio en la nave de Xuxa)





2001 (11 de enero, incendio en la nave de Xuxa)
Charol sobre charol
200 x 143
2011



Salón Nacional 2011 Arte Textil




Obra seleccionada:
2001
(11 de enero, incendio en la nave de Xuxa)
Charol sobre charol
200 x 143
Inauguración martes 13 de diciembre a las 19:00
Palais de Glace



21/11/2011

Salón Nacional 2011 Dibujo







La fiestita peronista





La fiestita peronista
2011
196 x 131
Tinta sobre charol





La fiestita peronista (detalle)
2011
196 x 131
Tinta sobre charol



05/11/2011

Salón Nacional 2011 Dibujo




Obra seleccionada:
La fiestita peronista (detalle)
Tinta sobre charol
131 x 196
Inauguración miércoles 3 de noviembre a las 19:00
Palais de Glace



28/06/2011

There's no place like home




There's no place like home
Charol sobre charol
60 x 60
2011

Trabajo realizado para el proyecto "La expedición" de
Leonello Zambón y Roger Colom
bajo la convocatoria de Zina Katz




27/06/2011

Papel Sujeto/Objeto





Papel Sujeto/Objeto
Inauguración 5 de julio 19:00
Carla Rey / Arte Contemporáneo



26/06/2011

Salón Nacional 2011 Nuevos soportes e instalaciones







Pequeño altar fetichista para un joven coleccionista


“El arte aporta dos atributos mucho más importantes que el dinero en una sociedad donde las instituciones, las jerarquías, los apellidos y hasta los títulos académicos han perdido su peso específico: aporta prestigio y exclusividad.

Ser coleccionista de arte es formar parte del club más VIP del planeta. Son los elegidos que vuelan en jet privado y son recibidos con alfombra roja.”

(fragmento de “El arte ya es pasión de multitudes”,

publicado el 5 de enero en La Nación)


Una instalación que surge como cuestionamiento a la visión que reduce al arte a un mero objeto fetichista.

Basada en un rincón de mi casa dedicado a trabajos de artistas que me interesan, donde dialogan obras de emergentes como Elena Dahn, Ana Clara Soler, Jazmín Berakha, Tamara Villoslada; con otros artistas de trayectoria ( Pablo Ziccarello, Marta Minujín, Hernán Marina, Fabiana Barreda…)

Dejando que el deseo sea la principal pulsión a la hora de elegir, muy lejos de pretensiones coleccionistas, se formó a lo largo de pocos años una apreciada colección de obras de pequeño formato.

La instalación consta de una réplica que reproduce en escala real cada uno de los trabajos, velados por un material de gran carga sensual y fetichista: el charol negro.

Como una traducción, que se relaciona con el original pero donde sus signos comienzan a hablar de otra cosa, aparece un nuevo lenguaje con ecos y sonidos familiares, pero con otra entonación, con el acento en otro lugar.

Donde se veía una foto, un dibujo, una pintura ahora sólo se ve un objeto, un volumen que conserva la forma, en cada centímetro y ubicación, del original; lo que era blanco ahora es negro, en una relación de espejos y opuestos.

Como la piel dejada por una serpiente, la obra conserva su “cuerpo” pero nos advierte que “lo otro” (lo que importa) ya no está.

El arte como objeto, el arte como fetiche, la forma como contenido.


Un siglo antes de que Damien Hirst recaudara 200 millones de dólares en una subasta, Oscar Wilde definió al cínico como aquel que conoce el precio de todo y el valor de nada.